
No intento ser original. No quiero ser creativa. Ni siquiera soy prudente. ¿Cómo serlo cuando se nos desgarra el alma?
Hay muchos matices para ese sentimiento universal que es el amor. Yo soy un ser que ama. Y debería ser feliz por esa simple razón. Ser capaz de amar plenamente, incondicionalmente, sin fisuras debería ser motivo de orgullo, casi.
El problema reside dónde deposito mi objeto de amor. Dónde quiero volcar toda esa catarata de sentimientos, porque siempre elijo el lugar equivocado. Los resultados me lo demuestran. Aunque suene horrible hablar de “resultados” en estos temas.
¿Para qué golpear la puerta de quien nunca habitó esa casa?
¿Por qué no querer ver lo que hasta los ciegos perciben?
Lógica y corazón nunca se amigan.
Te amo. Te amé. Seguramente te seguiré amando mañana.
Y si, suele ocurrir en esta vida ingrata (dijera mi madre) que amemos a quien no nos ama.
Debe ser una de las cosas más dolorosas a la que debemos enfrentarnos. Obvio que hay cosas peores, pero ¿a quién le gusta andar con el corazón roto? Porque inevitablemente eso es lo que sucede.
Ni siquiera podemos vacunarnos para evitar este sufrimiento, simplemente hay que tratar de superarlo. Aunque a veces hay que luchar con todo un universo en contra.
En algunas ocasiones somos víctimas de nuestras propias fantasías porque creemos ver interés hacia nosotros donde ni siquiera habita la posibilidad de que exista. Y se desarrolla en nuestro interior una historia de amor completa con la ceremonia de la seducción, el desarrollo de la relación intensa, hasta llegar a la única realidad que es la inexistencia de respuesta del otro involucrado en todo esto.
Me sigo maravillando de cómo las personas encuentran a su amor en este mundo. En un mar de seres diferentes se puede encontrar a quien se amolde a nosotros como las piezas de un rompecabezas. No es fácil, pero seguro que tampoco es imposible....


